Se encontraba entre sábanas frías, veía el pasillo por un hendija de la puerta y el celular arriba de la mesa de luz no dejaba de vibrar. "Otra noche más" pensó. Se giró y miró al techo, recordó todas las veces que se dio la cabeza contra la pared y pensaba... ¿Cuantas más faltarán?
Había prometido no volver a cometer los mismos errores. Sin embargo estaba ahí, mirando la pared blanca y lagrimeando. Sabía muy bien lo que le estaba pasando, pero no tenía que ver con nadie más que con ella misma. Se recordaba de la misma manera hace un año y medio atrás, entre sabanas frías y la mirada perdida, siempre perdida. Se estaba olvidando de vivir.
Se preocupó tanto en pensar una fórmula para sentirse mejor, que se olvidó. Sentía que caía hacia un vacío eterno, en el que jamas iba a encontrar la confianza que realmente necesitaba. Era raro ver que no tenía esperanzas, ya que se llenaba la boca diciendo que la esperanza es lo último que se pierde. Era raro verla así, nunca le contaba sus conflictos internos a nadie, siempre prefirió sonreír.
Tratando de buscarle algún sentido a la vida que le tocó vivir, se percató de que todo era mucho más simple de lo que creía. Vida era eso, llorar es vivir también. No había pensado en todos los momentos felices, eran tan simples... compartir una risa, una cerveza, un abrazo, una siesta en el pasto, una canción, eso era vivir. No se había dado cuenta de que podía llorar mares cada noche de su vida, pero que esos momentos nunca iban a ser borrados por las lágrimas.
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