viernes, 6 de mayo de 2016

ojos

Tocó el vidrio helado. Le provocó un escalofrió que le recorrió cada parte de su cuerpo. Largó una respiración profunda, como si a través de ella expulsara aires de pena y angustia. Mas allá del vidrio se dibujaba un cielo teñido de los mas diversos grises. Le hacían recordar al cemento duro, como aquel rostro que vio alguna vez en ese mismo vagón de tren.
La frente apoyada suavemente contra el vidrio empañado y los ojos dirigidos hacia ese gris infinito, esperando con una esperanza inútil que se rompa con algún rayo de luz solar. Una espera eterna.
Por ahí entraban esos ojos verdes que ya eran conocidos. Avanzaban por el pasillo al compás del choque entre los zapatos y el piso del tren. Aquel par se encuentra con este otro, ansioso, que descubre una sonrisa diminuta en el y se sonroja por ello. El primer par de espejos verdes, inmutables, se alejan rápidamente. Deja al segundo par con las pupilas perdidas, fundiéndose en un café intenso.
Ojos café, hundidos en el desamparo, esperando luna tras luna el encuentro con ese verde magnifico. Gestando una ilusión arrasadora de que ese verde, algún día, le sonría. Pero este par de encandilados ojos, sabe muy bien que el café nunca estará a la altura de aquel verde.

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