Siendo así de chiquito, me llenas el alma. Una de las personas más especiales en mi vida y es inexplicable lo que se siente por vos. Te la pasas corriendo y jugando, nunca te olvidas de sonreírme todas las veces que bajo las escaleras y veo tu carita con ese tono de picardía que te caracteriza. Y ahí es cuando la luz de mis días se prende y no se apaga nunca más. Corres hacia mi, mientras yo te espero con los brazos abiertos para darte uno de esos abrazos reparadores. Me agarras de la mano y me llevas a pasear por alrededor de nuestra mesa enorme, y de vez en cuando te giras para mirarme y volver a sonreír. Luego de un rato empezas a hacerte el gracioso, robándome más de una sonrisa. Mientras estoy mirando por la ventana, vos traes tu pincel para llenar de colores nuestros días. Así, vas iluminando mi vida. Pero de pronto tropezas y lloras, y no puedo decirte lo mucho que me gusta que vengas a buscar consuelo en mis piernas. Me siento frente al televisor y ese niño de sweater a rayas aparece sentado sobre mí, me agarra la mano o se apoya sobre mi pecho. Mientras, el lugar que ocupa en mi corazón cada vez es más grande.
Y no dejo de pensar en que pasara cuando crezcas y yo también. Y quiero que seas infinito, porque hay un antes y un después que marco mi vida, y sos vos. Sos lo más lindo que hay en mi vida, y nunca te voy a soltar. Aunque crezcas, quiero que tu mano permanezca exactamente así sobre la mia y que a pesar de todas las lagrimas que salgan de esos ojitos grandes, nunca se apague tu sonrisa.

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