Hay palabras que veo pasar por mi mente, letras que me cuesta creer. Palabras que alguna vez fueron mías, pero no quiero admitir. Palabras que posiblemente hirieron a alguien más, pero no lo quiero saber. O quizás hicieron que alguien se sienta mejor. Ojalá.
Y también veo las palabras de otros, que quedaron grabadas para siempre. Como un tatuaje. Y también momentos y risas. Pero no todas las risas son buenas, y yo era una de las que creía que eso era imposible.
Nada se compara con reír, pero todo cambia cuando se ríen de vos. Y es mil veces peor cuando se están riendo de vos y nadie hace nada al respecto. Cuando esas personas que son parte de vos, que están tan adentro tuyo, también se ríen de vos. Es difícil de borrar.
No hay nada peor que tener ganas de llorar en público. Ayer miraba por la ventana la calle, la gente, el sol y el cielo. No las esperaba, pero las ganas llegaron. Siento que toda la fortaleza que vive bien adentro se empieza a desgarrar y quiero llorar. Y ni siquiera sé porque.
Definitivamente llorar por nada no es normal. Pero ¿Lloro por nada? o en realidad por todo. Quiero llorar porque hay cosas que desconozco, hay gente que no quiero perder, personas que habitan inevitablemente en mi mente y otras a las que me aferro. Que gran error.
La realidad es que nunca me enamoré, pero ¿No viviré enamorada? Enamorada del vivir, de las letras, del mundo. No sé que es enamorarse, porque me niego a que me quieran. Vivo escapándome, pero esa no soy yo. No se quien es, porque yo soy diferente. Y no puedo dejar de juzgarme, no puedo quererme.
No hay comentarios:
Publicar un comentario